DE BESOS EN LA CABEZA

Continúa de GRABAR CASSETTES.

SEC.2. EXT. TERRAZA DE CAFÉ BAR. NOCHE.

Hace tan buen tiempo que parece ficción además de serlo. SOPHIA se abanica con gesto de desprecio hacia el mundo; como si abanicarse ella el escote fuese una tarea que beneficiase al resto y por eso la realiza con desdén a modo de protesta. Saca morrito y levanta las cejas fijando la vista en la nada.

Sobre la mesa hay un Sex on the beach, desflorado por una pajita que SOPHIA mete y saca sin parar; de manera mecánica e inconsciente, y un vaso ancho de lo que parece ser un whisky con hielo.

Entra RIMBAUD desde los lavabos haciéndose notar con un caminar incómodo de ver y de practicar y dejando caer el pelo sobre la cara como si le hubiesen robado la ropa en los baños y quisiera tapar sus cueros detrás del flequillo. Se sienta en la silla contigua a la de SOPHIA con la actitud de alguien que pasaba casualmente por allí; como si no hubiesen quedado expresamente. Da un largo trago a la copa del presunto whisky.

RIMBAUD: Los baños aquí están intolerablemente repulsivos.

SOPHIA: Venga, monsiuer Escrúpulo, he visto fosas sépticas más presentables que tus pantalones. Aquí deberías sentirte como en casa.

R: Sigues sin distinguir entre lo vintage y lo roñoso, Sophi.

S: Sí, sí, pero creo que ahora se han fundido en vintañoso.

R: Qué sagaz.

S: Es que tengo un redactor. Ya sabes, demasiado guapa para hacerme los chistes sola. Pues tú dirás…

R: ¿Yo diré? ¿qué tengo que decir?

S: Uh, deja la absenta de marca blanca, Arthur… Por whatsapp me dijiste que querías preguntarme algo.

R: Ah, qué raro, yo también debo tener un redactor, porque no me acuerdo.

S: No, no creo que tengas ni redactor ni nadie que lleve los mandos acá arriba (le señala con el dedo casi posado sobre la sien de él), ¿verdad, franchute?

R: (Pone cara de niño abandonado en un refugio de perros) No, ya me acuerdo ya. Quería preguntarte si estás viendo a alguien.

S: ¿Cómo si estoy viendo a alguien? ¿a qué te refieres?

R: Venga, no seas así…

S: No, es que no entiendo, ¿estoy viendo a alguien? Al traumatólogo estoy viendo. Y a mi madre. Y a veces veo Stranger things, la serie, no el hecho.

R: Idiota.

S: (Seria en plan señora riñendo a un niño) No, no. Pregunta bien.

R: ¿Tienes novio?

S: Ay, novio… qué rico y qué rancio eres.

R: Qué payasa (niega con la cabeza), qué payasa…

S: Es que este pudor ahora, ¿a qué?

R: Bueno, da igual, tienes novio, está claro. (Se echa hacia atrás y se enciende un cigarrillo)

S: Ah, ¿sí? ¿lo tengo?

R: Sí, sin duda. Si le preguntas a una mujer si tiene pareja y se anda con evasivas, sólo hay dos posibilidades: que no tenga novio y no quiera admitirlo porque ya pasa de los 35 o que sí tenga novio y no quiera admitirlo porque aún está en edad de experimentar.

S: Iagh. Es la teoría más repulsivamente machista que he oído en semanas y suelo quedar con Hemingway y Fellini para comer.

R: Lo tienes.

S: ¡Sí, lo tengo! Tengo novio. ¿Qué?, ¿qué hacemos?, ¿llamamos a la policía?

R: Pues si existiese una policía moral yo ya estaría dando voces.

S: Ts! Ahí tienes una iglesia.

R: Qué cara más dura.

S: (Frunce el ceñito) Oye, Arthur, no he hecho absolutamente nada ilegítimo o incompatible con el hecho de estar casada.

R: ¡Venga ya! Has flirteado conmigo a muerte. Mira qué vestido llevas…

S: Ya ves. Flirtear no es un crimen es un estado de ánimo. (Entona ceremonial) “I’m in the mood of flirt.” Si no existe esa expresión deberían inventarla.

R: ¡Hey! No me vengas con brometas ambiguas para salir del paso. Yo inventé ese camelo.

S: (Alterada de manera mediterránea) Es que no sé qué estás reclamando. ¡Si ni siquiera nos hemos besado!

R: Pero seguro que los dos lo hemos imaginado.

S: Puede ser, cuando estoy ovulando tiro de lo que sea para sentirme mejor.

R: ¡Lo ves!

S: ¡Qué! Imaginar que nos besamos no me compromete ni contigo, ni con mi novio.

R: No, pero te compromete contigo. Porque el contraste con la realidad no besada te frustra.

S: (Pasmada) ¡Boh!

 

Sophia se queda callada unos segundos. Luego, sutil y progresivamente comienza a meter los labios hacia dentro de la boca y los mueve de un lado a otro; como en una especie de relamido duro y un poco seco. Cierra los ojos y murmura un arrullo parecido al placer contenido. ARTHUR la mira frunciendo el ceño con disgusto y extrañeza.

 

R: ¿Qué coño haces?

SOPHIA para, abre lo ojos y lo mira con seriedad casi violenta.

S: Me beso a mí misma imaginando que nos besamos y es como si de hecho lo hiciéramos. O incluso mejor.

R: Qué chalada. (Se petrifica y abre un poquito la boca)

S: Ahora ya no estoy comprometida conmigo misma. ¿Lo ves? Tengo lo que deseaba, ha sido un buen beso. Labios consistentes, la presión justa y no demasiada saliva.

R: (Silencio) No sabes nada, Sophia Loren, no sabes nada.

 

Funde a negro.

 

 

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  1. Pingback: DE NO SER AMOR | pensardesnuda

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