Sacar del anodimato

Hace unos días mis padres me preguntan por Black mirror. “¿Entonces viste ya la de las relaciones con caducidad?”. “Sí, sí la vi.” “Ah, como no dijiste nada…” A veces tienen actitudes de novio receloso. Ese humor (en el sentido de mood no de humour) enrarecido que se instala en la pareja, cuando ya lleváis conviviendo un tiempo y habéis optado por no hacerlo todo juntos, porque es más sano, pero al mismo tiempo os entristece que vuestra relación no sea lo suficientemente poderosa como para no tener que racionaros por miedo a acabar saturados del otro. Situación que en general lleva a hacer esta clase de interrogatorios cuyo subtexto clama un clarísimo: “No, si de verdad que me parece bien que no lo hagamos todo juntos, ¿pero también vamos a dejar de contarnos lo que hacemos por separado, cuando son cosas afines y de entretenimiento tontaina como ver una serie de televisión popular? Me muero de la puta pena, mi amor.”

Total que al “Ah, como no dijiste nada.” Respondí con un desafortunado y completamente espontáneo -juro que no malintencionado-: “Bueno, no dije nada porque no pensé que os hubiera interesado lo más mínimo ese episodio, como es de amor.” Y seguí con mi vida. Que en ese momento consistía en mascar un trozo de lechuga de cogollo de Tudela con un poco de endivia. La sonoridad del crujido verde hizo mucho más palpable el silencio sepulcral y el dolor que lo acompañaba. “Como es de amor, a vosotros ¿qué?”. “Hombre, ¿amor vosotros? ¡ja! Qué oxímoron.” “Iba de quererse y vosotros sois zombis con corazón de hielo, papa.” Algo así oyeron ellos.

Esto abrió una pequeña brecha en mi relación con mis compañeros de piso, muy parecida a la que se da en un noviazgo cuando tu pareja por primera vez se come el último bocado de tu plato una de esas noches que llegas rendida del curro y te dice a la vez que se lo mete en la boca, casi ya masticando: “¿Puero probar?” y tú dices: “Hombre, vida…” Y en off piensas: “Así se te atasque en la epiglotis, egoísta majadero del infierno.” Y durante seis minutos piensas que es una persona horrible y que estás sola en el mundo y nadie te quiere de verdad. (Esto puede parecer que sólo lo pienso yo porque estoy como una maza, pero nos pasa a todos a diario y va siendo hora de que nos aceptemos como engendros iracundos calladitos que somos, guapos.)

El caso es que hoy hemos hecho las paces viendo Destino oculto padre y yo. Destino oculto es una película de 2011 con título de thriller de acción, con intérpretes propios de trama de espionaje político y fotografía de cine comercial de suspense para adultos de mediana edad. Pero luego es una comedia romántica ñoña y enrevesada con pasajes que elevarían el rubor de las mejillas de todo un patio de butacas aunque estuviera exclusivamente formado por personajes de Tim Burton.

Mi padre estaba especialmente inspirado y analizaba incluso el lenguaje corporal del personaje de Matt Damon: “Se supone que está enamorado; si estuviera enamorado no se despediría y le daría la espalda a la chica así. Al menos los primeros pasos seguiría mirándola y andaría hacia atrás.” Fascinación. “Y tampoco se comería un bollo. Vamos, hace tres años que la está buscando, la encuentra y se pone a hablar con ella con un bollo de leche mascado a dos carrillos. ¿Qué pretende?”. Yo pensaba que intentaba parecer seguro y desenfadado, pero la indignación de padre no invitaba a intervenir. En un punto hacia la mitad del segundo acto se descubre que el protagonista está sujeto a un plan divino, controlado permanentemente por ángeles con vestuario de Mad men que vigilan que no se desvíe de la ruta marcada. Emily Blunt, la bailarina de la que se enamora a primera vista en un váter público (esto es así, no lo he inventado yo) es un obstáculo para que pueda desarrollar la vida que se espera de él. Pero, claro, Matt es súper terco y americanorro, y hay un momento en el que para que deje de tocar las narices le dicen: “Oye, mira, si sigues detrás de esta, tu carrera de político enrollado y noblote se va a ir a la mierda y además vamos a hacer que ella se tuerza un tobillo y en vez de convertirse en la nueva Isadora Duncan va a dar clases de gimnasia rítmica a parvulitos en un colegio concertado. Para siempre.” Así que él se lo repiensa y la abandona. Pero no por temor a ver frustrada su ambición de convertirse en senador, si no porque se agobia infinito pensando en ella rodeada, para los restos, de niños pequeños en mallas, que es como muy siniestro. Porque ahora resulta que el amor es un sentimiento altruista, ¡jajaja!

Llegamos al desenlace. Han pasado años y ella se va a casar con un coreógrafo reputado. Él ya tiene totalmente por la mano lo del politiqueo y te monta un mitin con los ojos cerrados y comiéndose un bocata. Así que decide -porque no es PARA NADA selfish-, que va a impedir el enlace nupcial porque se aburre. Tócate las narices. En este punto de la proyección padre y yo ya hemos desconectado bastante y hablamos sólo sobre banalidades estéticas. “La verdad es que esta chica es tan fría que no le saldría la ternura ni aunque la pongas toda la tarde a mirar una cesta de gatitos.” “Bueno, pero está mejor que él, papa, que parece un simio alvino.” Y, he aquí que aparece al fin el prometido de Emily Blunt, el secundario despreciado, el otro, aquel para el cual por lo visto no hay ni plan maestro, ni ángel que vele por su satisfactorio discurrir. El paria, el abandonable, el segunda división. Padre: “Uff, ¿y este pobre? si parece que le han sacado del anodimato.”

He estado quince minutos riéndome con el concepto “anodimato” y luego he venido aquí y me he sentado a inmortalizar este instante de mi vida en que me siento plena de júbilo y no me he tomado ni un vino. Ahora sé que mi padre no ve cine romántico porque le saca tanto jugo que debe acabar exhausto de cinismo.

Sea como sea, no he podido evitar buscar al actor que ha inspirado este brillante concepto que quizás sólo me divierta a mí y muera para siempre con este post. Un homenaje a todos los personajes plantados por los protagonistas de las comedias románticas de la historia. ¡Larga vida, una foto y una etiqueta en un blog de una tía española desconocida, Shane McRae! Charmless man.

 

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