Entre la It girl y la Flapper.

Tras el fin de la primera guerra mundial y con la cada vez más normalizada incorporación de la mujer al mundo laboral y su correspondiente independencia económica, se instaura en América un espíritu lúdico de bienestar y bonanza. En Hollywood hasta 1927, con el estreno de “El cantor de jazz”, no comienzan a realizarse las talkies -películas habladas- aunque paralelamente, en la vida real, se produce la explosión de músicas y bailes de ritmos ágiles y un poco pirados que están directamente asociados a la alegría de vivir y al hedonismo urbano. En los locales de moda suena jazz o tango y la gente baila charlestón con la sonrisa perpetua: son los locos años veinte. Una especie de bacanal socialmente aceptada que refleja una jovial ingenuidad completamente ajena a la avalancha de ruina y desesperación que se avecina con el crack económico del 29.

En la gran pantalla, triunfa Clara Bow por encima de todas las demás. Su aspecto es aniñado, como si aún no hubiese pasado la pubertad. Su melena corta y acaracolada con rizos crespos oculta, como en una nebulosa, el dibujo real de su óvalo facial, que no obstante se intuye redondo como una manzana. Los ojos de la Bow son enormes y aparecen siempre enmarcados con sombras de tonos marrones, negros o violáceos en párpado superior e inferior. Este tipo de maquillaje proporciona un cierto halo de misterio que contrasta con la imagen global candorosa e inocente. Las cejas rectas con la cola descendente agudizan el tono lánguido y refuerzan las expresiones tan necesariamente teatrales del cine mudo. La tez es blanca, aterciopelada, con polvos compactos que bien podrían estar compuestos a base de talco puro. La nariz es diminuta, como un botón en medio de la cara que apenas tiene una función meramente práctica. Y la boca es muy pequeña, como un corazón dibujado dentro de la línea real de los labios.

Clara Bow con una bajada de tensión sublime.

En esta época, en la que aún no se ha extendido el uso de la cirugía plástica entre las clases pudientes y en la cual, de hecho, apenas sólo existe la rinoplastia un tanto rudimentaria y con fines más médicos que estéticos, los trucos de belleza femeninos se basan fundamentalmente en el maquillaje y la peluquería.

El concepto de “It girl” nace con la película homónima de 1927 protagonizada por la propia Clara Bow y pretende denominar a un tipo de chica que, sin ser espectacular, ni tan siquiera particularmente bella, posee un encanto, una espontaneidad y un carisma particulares que emanan de su personalidad y se reflejan en su aspecto. Tiene que ver con un estilo propio y construido por la mujer que lo porta. Hoy día siguen existiendo “it girls” y suelen ser las chicas de moda en cada etapa y que marcan la tendencia en cuanto a qué ropa ponerte, cómo peinarte, qué comer y adónde ir. Claro que actualmente trabajan al servicio de la publicidad y el capitalismo más exacerbado, siendo promocionadas por marcas y grandes oligopolios hasta el punto de que no se puede dirimir si el mercado se adapta al estilo predominante que se instaura progresivamente en la sociedad o es la sociedad la que se mimetiza con lo que el mercado dicta; perdiéndose por completo la naturalidad del encanto casual y convirtiéndose en una vil función al servicio del negocio.

En los años veinte, los medios de comunicación eran muchos menos y variados y de mucha más lenta repercusión que en la actualidad, de modo que, aunque Clara Bow fuese en un cierto grado pulida y post-producida por la industria del cine, la esencia era auténtica y sus orígenes eran humildes, cuasi miserables. Nació en la pobreza extrema del Brooklyn de principios del siglo XX, fruto de la unión entre una drogadicta esquizofrénica y un alcohólico violento. Fue una mujer hecha a sí misma a todos los niveles y hoy ha quedado recordada, por derecho propio, como un símbolo y un reflejo fidedigno de los tiempos que la encumbraron como su diosa cinematográfica. Al fin y al cabo, las flappers eran exactamente eso: mujeres que habiendo nacido en un contexto de pobreza extrema consiguieron ser independientes económicamente gracias a trabajos inevitablemente menores como secretarias, telefonistas, dependientas o incluso ascensoristas; pero que se comportaban con una libertad asociada entonces al género masculino. Las flappers estaban solteras, eran activas social y sexualmente, bailaban, bebían y fumaban sin parar.

Aquí unas Flappers bebiendo cerveza como si fuera jarabe; claramente disfrutando al máximo de vivir.

No eran aficiones muy constructivas, pero marcaban el inicio de una nueva era para la mujer, en la que ya no era obligatorio quedarse en casa haciendo las labores del hogar como consortes del cabeza de familia y en la que incluso y al fin, podían votar, al menos si eran blancas – las mujeres negras no pudieron votar en EEUU hasta 1967-. Pero, sobre todo, y en relación con el tema que nos ocupa, se gastaban dinero en su imagen.

Frente al candor y la despreocupación de la Bow se encontraba la sobria y perturbadora sensualidad de Louise Brooks, portadora de uno de los “Diez cortes de pelo que conmocionaron al mundo”. No obviemos que fue en el primer cuarto del siglo XX cuando el acto de cortarse el pelo fue adquirido por las mujeres, que hasta aquel entonces no acostumbraban a hacerlo en la búsqueda de una apariencia particular si no como mero saneamiento capilar o para vender su larga cabellera a cambio de dinero, como el personaje de Jo en la afamada “Mujercitas” (Louisa May Alcott, 1868). El denominado bob cut consistía en una melena corta y lisa, que llegaba hasta la altura del lóbulo de las orejas, con el flequillo recto tapando la frente y cuya longitud se va rebajando en la nuca en forma de uve quedando más largo en la parte delantera de los laterales del rostro.

Louise Brooks provenía de una familia muchísimo más estable y adinerada que la de Clara Bow y se notaba claramente en una actitud infinitamente más sofisticada y serena, con una clara connotación intelectual, completamente inexistente en la “it girl”. El rostro de Louise también era pálido y uniforme, incluso luminoso, en llamativo contraste con su pelo negro muy oscuro. También de ojos grandes, destacados por las sombras y por las pestañas postizas, un complemento imprescindible en el make up de aquel entonces. Pestañas kilométricas, gruesas y separadas entre sí y una buena cantidad de sombra alrededor de todo el contorno del ojo. De nuevo, labios finos y muy oscuros, boca pequeña en forma de corazón. Para conseguir el efecto de boca de piñón tanto la Brooks, como la Bow, como cualquier flapper dibujaban con el perfilador muy oscuro el contorno deseado y alrededor del mismo utilizaban maquillaje muy claro, del tono de la tez, para simular un tamaño bucal menor. Un estilo curiosamente parecido al de las geishas.

Louisse Brooks pensando fuertemente en el duro mantenimiento de su flequillo.

A finales de la década, con títulos de éxito como “La caja de Pandora” o “Diary of a lost girl”, Louise Brooks adquirió fama como una vampiresa sexual de comportamiento disoluto que en la sociedad americana cada vez más mojigata de aquellos tiempos polarizó al público. Era amada y odiada a partes iguales. Con la llegada del cine sonoro, ambas actrices se retiraron de la vida pública, pasando de moda vertiginosamente con el empuje del puritanismo. La gran depresión trajo de su mano la censura en Hollywood y la figura de la flapper, tan indómita y derrochadora, fue defenestrada. El hedonismo y la lujuria ya no tenían cabida en una sociedad que había de volver a recomponerse y no podía tomarse las cosas tan a la ligera.

Tal vez por ello, una de las grandes supervivientes del cine mudo fuese Greta Garbo. Una mujer que en absoluto tenía algo que ver con las anteriores y a la que difícilmente se podía imaginar bailando un charlestón. El alcohol lo llevaría siempre escondido en una petaca para beberlo en la intimidad y soledad de su alcoba: el confinamiento voluntario como pasatiempo. Ya ves tú.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s