DE GRABAR CASSETTES

SEC.1. INT. BAÑOS ACCIDENTALMENTE MIXTOS DE LOCAL MUSICAL. NOCHE.

Entra ARTHUR RIMBAUD (30 años) moviéndose nervioso y torpe, como un insecto rastrero al que se le hubiera quebrado una de las patas. Está borracho como sólo puede estarlo un decadentista francés. Tiene los ojos claros, color de mar embravecido que vuelve paulatinamente a la calma después de una tempestad y también un poco tirando a verdes. El pelo está despeinado con una despreocupación completamente calculada, como si su peluquero fuera un ingeniero capilar atravesando una crisis de identidad. La suave palidez barbilampiña lo hace parecer un adolescente y una virgen de Tiziano alternativamente, dependiendo de cómo le dé la luz.

Es más alto de lo que aparenta en las imágenes de archivo y los retratos de cabeza. Lleva un traje de micropana negro, al que se le han dado ya muchas oportunidades y sobre el que se han vertido todos los líquidos imaginables excepto el agua jabonosa.

Aprieta el vasito de vermú con la mano izquierda y con la derecha sostiene su pene frente a los urinarios y mea concentrado mientras murmulla una especie de quejido jondo. Luego se sacude los genitales y se da la vuelta sobre sus talones, en un gesto inesperadamente dicharachero, dándose de bruces con SOPHIA LOREN (30 años).

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